En la cuerda floja

 

Leyendo una entrevista en un diario, hablaban sobre el arrepentimiento de ser madre y lo agotador que puede ser. Me llamo poderosamente el título del reportaje. ¿Quien podría osar arrepentirse de ser madre, en un mundo donde te han dicho siempre que ser madre puede ser lo mejor que te puede pasar? Suena fuerte. Y dice cosas tan ciertas como las cantidad de expectativas de que debemos cumplir las mujeres (desde ser bellas, hasta ser las mejores profesionales, pasando por no fallar nunca como madre), a esa idea de maternidad que se nos da, que es tan lejana a la realidad.Y aquí es donde uno cae en ensoñaciones e ilusiones, recuerdas las series de tv de las familias perfectas ( La familia Ingalls, les suena?) , y algo no te hace sentido, algo te hace ruido.

Porque uno lo vive de manera distinta. Porque el mundo es muy distinto. Estamos en tiempos donde la gran mayoría de las mujeres son profesionales o están insertas en el mundo laboral,  y muchas veces deben ponerle una gran pausa a esa parte de la vida, para poder criar a los hijos. ¿Pero por qué ese designio es solo para la mujer? La bendita cultura patriarcal que nos ha encasillado en estereotipos rígidos para hombre y mujeres. Y aunque no lo queramos admitir, hombre y mujeres NO somos iguales. Y aunque los movimientos feministas luchen por la tan consagrada “igualdad”, querer equipararnos con nuestros compañeros sin entender los diferentes que podemos ser puede ser un gran error. Que PapaD no haga la cama como a mi me gusta, o cocine el arroz de una manera diferente, no significa que lo este haciendo mal. Es SU  manera de hacer las cosas, tan validad como podría hacerlas yo.  Y no solo son nuestras diferencias biológicas son las que nos hacen diferentes, si no también nuestras labores diarias, nuestros trabajos, nuestros salariosLa cultura donde estamos insertos (cultura patriarcal y más ligada a los estereotipos del consumismo que de la colaboración)  ha validado un tipo de prototipo para el hombre y otro muy distinto para la mujer. Y si esa igualdad no parte desde lo hogares, desde nuestras familias poco podemos esperar.

Por décadas las mujeres hemos luchado por la igualdad en relación a los hombres. Y aunque ha pasado algún tiempo, estamos aún a años luz de poder lograrlo. Algunos podrán diferir, y decir que ya votamos, que existen mujeres presidentes, que ocupan algunos cargos directivos en grandes empresas, que ya hay mujeres pilotos y tantos ejemplos más. Y si, es cierto, todo aquello es muy cierto. Hemos ganado terreno, hemos ganado un espacio importante, pero en ese espacio no se ha ganado dentro de los roles que se cumplen en el hogar y en el ámbito laboral. Las mujeres históricamente somos las que hemos estado a cargo del hogar y del cuidado de los niños, pero hemos ingresado al mundo laboral con fuerza y podríamos incluirnos aun más si existieran una estructura de leyes que permitieran conciliar mejor el ámbito laboral con el familiar. Mejor aun seria si a nuestros queridos compañeros, esa conciliación también fuera para ellos… pero no es así. Las mujeres muchas veces trabajan menos horas para poder cuidar a los niños, mientras el hombre tiene un horarios normal (entiéndase por horarios normales entrando a las 9:00 y saliendo a las 18:00).  Mientras para las mujeres es casi un “deber” lograr llegar a todos lados (al trabajo, a las cosas de la casa, al buscar o dejar a los niños al colegio, y mil etc más), para los hombre no existe un horario flexible o los permisos para salir antes del trabajo y acompañar a su hijos al doctor.  Es mal mirado, el jefe los mira con mala cara y más de un problemas puede acarrear… mejor no arriesgarse, finalmente, ella se puede organizar y hacerse cargo.

Pero no vemos solo el vaso medio vacío. Esa es la realidad de muchas familias. Veamos el vaso medio lleno y en las nuevas generaciones de padres vienen con ganas de participar activamente en la vida de sus hijos. No quieren ser solo  el proveedor de la casa, verlos un ratos en la noche, el fin de semana y ya. Quieren participar, quieren ESTAR y para ellos es de vital importancia estar y ser parte de la crianza de sus hijos. NO TODO ESTA PERDIDO!!!!!!!!

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Creo en los cambios y en las pequeñas decisiones que nos ayudan a ellos. Creo que hay que cambiar la mirada, observarlo desde otro prisma. Los hombre PUEDEN cambiar pañales, PUEDEN, cocinar ( a veces mejor que uno!!!) PUEDEN ir a buscar a los niños al colegio antes de ir a una reunión, PUEDEN hacer las mismas labores y responsabilidades que las mujeres. Y básicamente eso se logra cuando se entiende que la responsabilidad de la casa, de los niños, de la familia es de AMBOS.Y aquí también las mujeres pecamos de sabelotodas y no dejamos que los hombre incursionen en ámbitos nuevos para ellos. Les decimos “déjame a mí, yo lo hago”, ” pero eso no se hace así, mejor lo hago yo” y mil frases más, que finalmente no permite a nuestro compañero participar de los quehaceres relacionados con nuestro niños o nuestro hogar. Recuerdo, con la llegada de nuestro primer hijo, apenas sabíamos cambiar pañales y PapaD lo estaba haciendo de una manera que a mí me parecía poco “correcta” por decirlo de una manera. Y cuando yo le digo que así no se hace (claro, por muy primeriza que uno sea, algo en la genética te dice como es la mejor manera de hacerlo jajaja) PapaD me mira y me dice “yo lo voy hacer así “. Ahí  quede yo. Y también recuerdo la gran cara de asombro de mi querida suegra al ver como su querido hijo incursionaba en temas del hogar con gran manejos de todo

A muchas mujeres les acomoda estar en la casa, hacerse cargo de los niños y las labores hogareñas y seguir con el prototipo convencional del hogar. Y les acomoda mucho que sea el hombre el que provea. Pero en estos tiempos, donde un solo sueldo no alcanza para llegar a fin de mes, ese estereotipo cada vez está más lejano y arcaico.

Co-rres-pon-sa-bi-li-dad es una palabra larga y de  7 silabas!!! Me dijo mi hijo que está empezando a juntar letras y contar silabas. Pero es una palabra que a mí me encanta. Me hace no sentirme tan sola en los quehaceres de las casa o de los niños; me hace sentir que si todos colaboramos es más fácil la carga para todos, que si todos trabajamos, luego también todos podemos descansar. Y eso es lo que quiero para  mí y para todos. De seguro que si ambos padre pudieran repartirse la pega, en términos de crianza, labores del hogar y de proveer a la familia, sería más fácil, mejoraría la comunicación entre la pareja, podríamos estar más tiempo de calidad con los niños, podríamos sentir que la carga se reparte y no la lleva solo uno. Eso quiero, y de seguro si eso partiera por casa, nuestra sociedad seria un poquito más feliz, un poquito más colaborativa, un poquito menos centrada en sí misma. Vamos que se puede!!!!!

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